martes, 10 de marzo de 2009

Adelanto SOULESS

Hola chicos... Los dejo con una probadita de mi nueva novela, espero les guste cómo comenzará el libro.
“Me he convertido en la muerte….El destructor de mundos”
Oppenheimer


Piezas….

Piezas de colores que se deslizan por delgados tubos de aluminio ensartados en una mesa plástica de recreo. Una mesa diseñada para ejercitar las habilidades motrices de los niños y mejorar su interacción social así como su habilidad de asociación. La verdad no sirve de mucho en la situación de Isaac, pero ayuda a que esté tranquilo….

“Clic, clic”

El pequeño niño toma las piezas de una forma delicada. Procura tomarla por los bordes y evitar que suene el rose de la pieza con el tubo. El movimiento es lento, tal vez es placentero para él, tal vez es un reflejo inconsciente que indica que el pequeño niño requiere su propio espacio y tiempo para reaccionar muy a su manera, pero sencillamente no encontraba la forma de mostrarlo. En sus cortos 8 años de vida, Isaac conocía maneras bastante notorias para llamar la atención. Pero ya no eran necesarias, no ahora que tenía las cosas bajo “control”.

La pieza modifica su curso, acoplándose a los movimientos de muñeca de Isaac en las curvas, durante los lapsos de línea recta, subiendo el nivel del tobogán de aluminio. Una danza incomprendida, sin sentido. Un cuidado y dedicación meramente de carácter incomprensible para nosotros adultos insensibles. Pero nada es para siempre. Repentinamente cambiando toda perspectiva, deja ir su ímpetu en la pieza para que ésta azote fuertemente tras la línea que van formando todas las demás al final del recorrido diseñado por éste pequeño niño prodigio. ¿O será más bien éste pequeño niño de condición especial? Daría igual, sería sencillamente la perspectiva que el Asperger nos permitiese tomar.

“clic, clic”

El sonido se mantiene constante, ningún recorrido es perfecto. Ningún recorrido le permite a Isaac el pensar con satisfacción que la pieza no rosó con el tubo. La acústica de la pequeña sala de sillones gastados y alfombra descuidada es víctima del sonido de las piezas siendo deslizadas por los delgados tubos de aluminio. La satisfacción del recorrido perfecto jamás llegará.
Pudiésemos preguntarnos dónde está su madre. Ella está cerca, siempre lo está. Rebecca había aprendido a lidiar con los berrinches, arranques y desaires de un pequeño autista desde hacía tiempo. Habla por teléfono en éste instante, permanece quieta y apoyada en la pared de su cocina, pareciera como si siempre permaneciera ahí, o al menos eso le parece a Isaac algunas veces, cuando las cosas están fuera de “control”.

A Rebecca la había abandonado su esposo, un miserable Don nadie que se acobardó al saber que su hijo no sería plenamente “normal” como todo padre ilusionado lo desea. Los había abandonado y su ausencia a veces se hacía muy fuerte para Rebecca, pero ya no había marcha atrás…. Jamás la habría.

- Los recibos llegaron bastante altos este mes, necesitamos pagarlos antes del fin de semana…-
Su madre al teléfono cree vigilarlo, como toda madre en su situación lo haría. Pero eso no es del todo cierto, nunca puede serlo….

-Isaac, recoge tu cuarto- Le dice su madre, mientras apoya el teléfono a su pecho. Por alguna incomprensible razón, Rebecca creía algunas veces que Isaac saldría de su condición y haría cosas que un chico normal haría, por eso a veces le pedía hiciera cosas como ésa. “Recoger su cuarto” la frase pasó por su cabeza mientras le daba la espalda a la sala donde se encontraba su hijo. Quería inconscientemente darse un respiro, darle la espalda para olvidar por un momento su situación y poder concentrarse en la conversación que sostenía con el hombre en el teléfono.
-Te digo, no voy a poder ésta semana, estamos bastante cortos de dinero, tal vez la semana entrante…. – Volteó un instante y ahí se encontraba Isaac, sentado todavía junto a la mesa de habilidades, su mirada se concentraba en algún punto del techo. No atendía a la petición de su madre.

-- Isaac recoge tu cuarto… ¿Qué, como? Si perdón, estaba hablando con mi hijo…. Lo sé, lo sé. Solo necesito un poco de tiempo, no todos tenemos un deportivo en la entrada de nuestra casa-….

Isaac se puso en posición de cuatro patas, para luego lentamente ponerse en pie, como si no quisiera que su madre se diese cuenta. Comenzó a dar algunos pasos, acercándose lentamente a la escalera que daba al sótano. Su mirada la fijó en su madre mientras caminaba hacia atrás. El rostro del niño, ausente de toda emoción, buscaba lentamente el ángulo perfecto para ver a su madre, y que ésta lo viera a él. Su lento recorrido lo llevó a colocarse al filo del último peldaño de la escalera, ¿Sería acaso una nueva forma de llamar la atención de su madre?

--Está bien, hablamos luego… ¡Isaac!, ¿Porqué no puedes hacerme caso?, Nunca me prestas atención cuando te digo las cosas—Dijo su madre, mientras dirigía su mirada por la sala, buscando la figura de su hijo. Su rostro se tornó pálido cuando lo vio cercano a la escalera.

--Porque si te prestara atención…todo un universo tendría que morir—

Dijo Isaac, dando un paso hacia atrás, donde ya no había superficie donde apoyarse. Donde no existía el cuidado de mamá.

-- ¿Qué haces?.... ¡Oh Dios mío!--

El cuerpo de Isaac giró sobre si mismo, retorciéndose y golpeándose durante la funesta caída. Rebecca se acercó rápidamente, haciendo un esfuerzo hueco e inútil para salvar a su hijo. El sonido de “clic, clic” que en otrora resonara en aquella sala fue sustituido por el crujir de madera y huesos. El sonido fue sustituido por gritos de una mujer inconsolable, que rogaba a un Dios al que jamás le había dirigido la palabra para que salvara a su hijo. Un temblor inesperado le indicó a la mujer que el niño seguía vivo. Un te amo y unos cuántos ¿Porqué lo hiciste? Marcaron la pauta de la situación, llegando a una pared impenetrable y férrea llamada Isaac, el cuál ignoraba todo lo que ocurriera a su alrededor. Jamás lloró, mucho menos gritó. Sólo mostró una mirada profunda y severa que revelaba algo más que sólo un trágico accidente para aquellos que pudiesen interpretarla de un modo correcto. De un modo que pudiese atravesar cosmos enteros y descubrir una verdad tan grandiosa, como terrible en gran manera.

“Clic, clic”

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